Claro que te recuerdo, como olvidar todos los lugares a los que me llevaste; y no hablo del cuerpo, hablo de la mente, de todos aquellos lugares que me transportaron a los extremos del pensamiento.
Ahora veo los días pasar y al mismo tiempo vagan los recuerdos, me sorprenden en algún lugar, algo que me hace retroceder en el tiempo, volver de nuevo a lo que creí había ya olvidado.
A veces recuerdo el pasado y se pierde mi mirada como una flecha que se clava en el ayer, y escucho tu voz, veo tu risa y sonrió también; entonces comprendo que estabas destinado a ser eso, una sonrisa que se quedó grabada en el reflejo de aquel riachuelo que da vida al tronco seco de un viejo árbol.
Maria I. Conde P.






