domingo, 18 de junio de 2017

A mi padre

Por: Maria I. Conde P.

Que no muera la esperanza; que viaje, que vague, pero que no naufrague.

Que no pierda la fe, en la agonía. Ni se marchen tus rosas y tu risa.
Que no cese tu aliento, ni perezca tu presencia de mis días, que absurda no es tu estadía.

Si me llenas de ausencia, me inundara la pena; quedará para siempre en mis días la sombra de tu partida.

Que hoy muera para siempre el recuerdo de las veces que de niña llore, al ver a mi padre marcharse, cual extraño parecía ser.

Que mueran los reproches, las amargas noches; que nazca el perdón de mi ser.

Pues ahora, al ser madre, te digo, ya se… que nada fácil, ser padre es.

Mira tú mis errores, adviérteme que los reproches llegaran con el tiempo según cada quien.

No quiero ser yo ahora el preso, de lo que la juventud suele hacer.

La vida me muestra, ahora mi viejo, me fue fácil juzgarte ese tiempo.

Lamento el dolor también, de hecho, donde quizá buscaste mi abrazo y cansadas veces te di mi rechazo.

Que me de la vida mas tiempo, en tus brazos cansados mi viejo, para recuperar del reloj, lo que nos queda de tiempo.

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