y me
acostumbro tanto a su sonrisa.
Le llame sol y le llame poeta,
Se volvió
realidad, una realidad dulce y sonriente,
que
volvió mis días resplandecientes.
Se volvió
necesario,
necesaria
su imagen y su mente.
Digo
su mente y no hablo de su espíritu, ahora ausente,
cuando
no esperaba esa doliente ausencia.
Ya
no está su palabra,
ya no
está su sonrisa.
Ni
su conversación,
que
tanto acompañara a mi desventurada soledad.
Parece
que darle mi amor le ahuyentara,
leyenda
de sonrisa brillante.
No
es posible que ignores,
que
nunca pedí nada.
¿Es
que no notas que tenía algo que darte?
¿Qué
tantas de mis caricias se quedaron suspendidas en el aire?
¿Qué
tantos temas tuvieron que morir, antes de ser pronunciados?
¿que de
ser sueño, ahora eres leyenda?
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