Cuando percibo eso que crees que nos separa, me aferro a aquello que nos unió;
a la palabra, a la música que nos ayudó a encontrarnos.
Aunque
tal vez eso no permanezca, permanecerá el encanto, ese encanto que mantuvo la
emoción de descubrir un cariño.
Me
quedo con lo bueno, tu, puedes marcharte con lo malo,
de
cualquier forma, el pensamiento supera por mucho el efecto.
De
cualquier modo, la realidad será para ti, aquello de lo que puedas culparme.
Mi
verdad, será todo lo que tengo que agradecerte, esa estela de emociones que
dejas al marcharte.
Después
de todo, no todo lo malo lo he condenado al olvido, porque de ello podre
aprender, no necesito negarme a la crítica marchita de tu persona; a la cruel e
incesante estructura que le diste a mis errores, dejando en el olvido todo lo
bueno que pude darte.
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