No espero la llegada de un gran amor, ni que la noche me sea
larga para escribir bajo la luna,
he descubierto el amor en aquellas cosas que no se quedan
para siempre.
En aquello que vivo, siento, respiro; sin la compleja idea
de poseerlo para siempre.
¿Quién eres tú para cortar las alas y las inquietudes del
otro?
¿Quién es aquel para sentirse tu dueño?
Bajo la idea metódica de lo que debe ser, según su ideología,
su raza o su credo.
He amado desde mi capacidad propia,
aprisione mis expectativas a las que tenían los demás,
sufrí, me frustre, luche y me perdí.
Descubrí que era absurdo seguir la regla,
que mi forma de sentir no obedece al sentir de nadie más,
no tiene que ser como una costumbre heredada a otros.
¿Por qué si cuestionamos muchos temas, no lo hacemos con nosotros
mismos?
Nuestro comportamiento no es más que el reflejo de nuestras
convicciones,
¿por qué no reflexionar la conciencia y aceptar, que quizá, es
nuestra falsa moral la que nos reprime?
Y de esta forma es imposible establecer una relación
entre lo que pensamos y el cómo actuamos.
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